Nicolás permanece en silencio esperando los resultados de la prueba de VIH que decidió realizarse en un hospital público. La sala es amplia pero pocos son los asientos ocupados, a diferencia de otras áreas del edificio. Parece estar impaciente y ansioso, pero comenta que guarda la calma porque ha recibido información que le ayudó a comprender que el virus no necesariamente se enlaza con la muerte, tal como lo proponía un polémico video realizado por un programa de TV ecuatoriano transmitido en horario familiar.
Las formas de transmisión del VIH son
sexual, que incluyen contactos vaginales, anales y orales sin protección;
sanguínea, por usar jeringuillas con sangre infectada y transfusiones de sangre
no garantizadas; prenatal, antes del nacimiento a través de la placenta; y
perinatal, en el momento del parto a través de la sangre y durante la lactancia
a través de la leche materna. No obstante, deben existir tres condiciones
básicas para que el virus se traslade: debe haber suficiente cantidad de
fluido, el virus debe estar en buen estado con respecto a las condiciones
externas (no haber estado expuesto al medio ambiente, al calor, a
desinfectantes comunes o incluso agua) y
debe existir una buena ruta para llegar a las células.
La preocupación de Nicolás inició un mes
atrás. Se realizó una primera prueba en una fundación, acompañado de la persona
con la que mantuvo relaciones sexuales sin protección bajo los efectos del
alcohol; sin embargo, ya habían transcurrido dos semanas después del encuentro.
El resultado de Nico fue “no reactivo”,
pero el de su compañía, “reactivo”. Entonces se asustó, pues había
escuchado del periodo de ventana,
que es cuando el virus es indetectable para ciertas pruebas. Le recomendaron que
se la realizara nuevamente dentro de tres meses.
El VIH no es una enfermedad, por tanto, el
término correcto para expresarse sobre la transmisión del virus es “infección”
y no “contagio”
En la fundación se utilizan pruebas de
tercera generación, en cambio en el hospital público son de cuarta generación.
La diferencia entre ambas es que la una detecta los anticuerpos que produce el
VIH tres meses después del contacto con este y la otra, 24 horas después porque
también detecta proteínas propias del virus. El protocolo en ambas
instituciones inicia cuando se pide el consentimiento para realizarse el test,
luego se recibe una consejería informativa y se procede a tomar la muestra de
sangre. En Ecuador, en caso de resultar “reactivo”, el Ministerio de Salud
realiza un confirmatorio con la prueba “Western blot”; entonces, se determina
un VIH positivo.
Nicolás y su compañero recibieron la
consejería por separado en la fundación. Nicolás recuerda que le explicaron la
diferencia entre el VIH, que es el virus, y el SIDA, que es la etapa más
avanzada de la infección. También le preguntaron: “¿Qué harías si tu prueba
sale reactiva?”. Él respondió que no sabía; el consejero le dijo que si eso pasara,
debería esperar el confirmatorio para tomar las acciones pertinentes.
Después de entregados los resultados, a la pareja sexual de Nicolás le tomaron
otra muestra para enviar al Ministerio de Salud y realizar el confirmatorio.
En la fundación les dijeron que el resultado llegaría 15 días después. Su
compañero le aseguró a Nico que le comunicaría cuando ya tuviera una respuesta;
ambos prometieron que estarían brindándose apoyo. Sin embargo, su chat en WhatsApp se volvía
más cortante con el transcurrir de los días.
La fundación a la que Nicolás
acudió tiene como objetivo exigir al Estado responder adecuadamente a la
prevención y abordaje del tema del VIH. Javier es el coordinador comunitario de
la institución, comenta que las poblaciones más afectadas son los grupos LGBTI
y trabajadoras sexuales. “Mientras más
oculta se lleve la vida sexual, se tiene menos acceso a la información”,
aseguró. En Ecuador, el promedio de infectados es del 0,14%.
Cuando pasaron los 15 días, Nicolás escribió
a su compañero, él contestó que la prueba resultó “ilocalizable”, es decir, que
no la encontraban, por lo que debían tomar una nueva muestra, hasta el momento
no sabe si su compañero es VIH positivo o no. No obstante, sintió que debía
actuar por su cuenta. Así que decidió acudir al hospital público.
Se acercó a la unidad de VIH, donde el
Dr. Tello lo tranquilizó. El doctor le comentó que las pruebas de tercera
generación que le realizaron pueden tener margen de error, ya que detectan
anticuerpos de otras infecciones. Además, le dijo que sus pacientes infectados
reciben tratamiento y continúan realizando sus actividades con normalidad. Al
final, le dio un turno para realizarse el examen de cuarta generación.
El médico asegura que todos son propensos a adquirir la infección.
El virus muere muy rápido fuera del cuerpo humano y una persona infectada no
transmite el VIH por dar la mano, abrazar, besar, toser o estornudar, compartir
alimentos o cubiertos, el sudor o la saliva.
Nicolás
aseguró conocer que el uso del preservativo es una manera de prevención. “No lo
utilicé porque en ese momento no me importó”, comentó. Si el sexo es anal, se
recomienda utilizar un lubricante, a base de agua para que no cause efectos en
el preservativo. Verificar que en una transfusión la sangre sea segura, no
compartir jeringas, la utilización de elementos estériles para realización de piercings, tatuajes y tratamientos odontológicos
son otras formas de prevención. En el caso de embarazo, se puede acceder a
tratamientos que disminuyen el riesgo de transmisión durante, en el parto se
realiza una cesárea y se reemplaza la leche materna con otro tipo de
leche.
Ahora,
llaman a Nicolás al consultorio, el doctor le entrega y explica los resultados.
Sigue siendo “no reactivo”, la tranquilidad es evidente en su rostro; sin
embargo, debe mantenerse en control cada 6 meses durante 2 años, para descartar
la existencia del virus en su cuerpo, aunque lo más probable es que el
resultado sea el mismo.
Nicolás reflexiona sobre la
responsabilidad de sus actos, pero también comprende la necesidad de informarse
sobre el tema y de realizarse la prueba, ya que una detección temprana ayuda a
un infectado a tener un buen estilo de vida. Él piensa que las personas con VIH merecen
respeto, no discriminación y confidencialidad, pues a todos les puede pasar. El tratamiento antirretroviral es entregado
gratuitamente por el sistema público de salud y es un derecho recibirlo.

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