jueves, 5 de octubre de 2017

El Rafael que descubrí

¡Cómo ha sufrido ese hombre!” fue el comentario de la primera persona a la que hablé sobre el libro El séptimo Rafael. Para mí, algo evidente en esta obra es la vulnerabilidad del expresidente ecuatoriano. La vida de los líderes suele ser difícil, pues así forjan su carácter, así construyen convicciones.

Un niño de cinco años no entiende por qué su padre lo deja, ¿por qué se va a Estados Unidos y no se queda a su lado? Nunca imagina que su padre cometería un delito como transportar droga hacia otro país. Jamás pensaría que a causa de ese delito, su padre permanecería tres años en la cárcel y, más tarde, el divorcio con su madre. Probablemente, este suceso despertó la conciencia y sensibilidad de Rafael Correa, estableciendo así el rigor con el que se enfrenta a los que se “atrevan” a criticarlo o contradecirlo. 

La pubertad es un periodo de nuevas sensaciones, de cambios e inseguridades. Para Correa, todo esto se multiplicó. El ahogamiento de su hermana menor produjo una sensación nueva, pero extrema: el verdadero dolor. Su vida dio un giro radical. Debió enfrentar su miedo. Pienso que esto le ayudó para asumir el reto de tomar la Presidencia. ¿Acaso es fácil gobernar a más de 16 millones de personas? Sin embargo, ¿por qué no se acordó de lo que él sintió cuando un hombre, posiblemente igual o más desesperado que el Rafael de 12 años, alzó la voz en una de las zonas afectadas por el Terremoto del 2016, prefiriendo contestarle enojado: “Nadie grita o lo mando detenido”? 

Escuchar sobre suicidio, aun cuando se es adulto, es impactante y más si quien lo lleva a cabo es tu propio padre. Creo que tras este suceso Correa aprendió a permanecer fuerte ante lo inesperado. A los 32 años, que contaba en esa época, sumó otro acontecimiento que, quizá, asentó una cualidad más del liderazgo en su personalidad. 

Rafael Correa ha sido marcado por el dolor. Estas marcas provocaron características en este hombre que algunas personas alaban y otras critican. Él es tan vulnerable como cualquier ser humano, pero pienso que sabe esconderlo con su sonrisa, sus labores sociales, su arrogancia y su enojo.

Fotografía: Daniel Guamán

4 comentarios:

  1. La mayoría de las veces juzgamos a alguien por su manera de ser, pero nunca nos ponemos a pensar cuales fueron las circunstancias que forman el carácter de una persona, incluso con sucesos dolorosos y que son poco asimilables en la vida de un niño.

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    1. Así es. Somos el producto de nuestro contexto. Aunque nuestro pasado nos afecte, no podemos justificar nuestras acciones incorrectas con este. Es una cuestión personal saber controlarse, pero cuando eres una figura pública puedes perjudicar a más personas. Gracias por tu comentario.

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  2. Muy buen artículo, siempre es un gusto leer lo que escribes. Siento que puedes expresarte más, no te sientas atado a la información, tus opiniones y criticas siempre son buenas para leerlas o escucharlas.

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    1. Muchas gracias por tu opinión, tomaré en cuenta lo que me dices.

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