Entre las 7 extensas preguntas de la consulta popular, la tercera parece ser la anulación de un pacto satánico. Y es que, ¿prolongar la estadía en el poder de una misma persona, de un mismo partido no es entregarle el alma al diablo?, pero ¿es necesario una consulta para darse cuenta de esta reflexión? ¿No es suficiente el ejemplo de Venezuela para tomar la decisión inmediatamente?
El camino más fácil sobre cuestiones importantísimas es consultarle al pueblo, ojo no digo el camino incorrecto. De esta manera, la responsabilidad queda totalmente en las manos da la mayoría. Sin embargo, en un país donde las opiniones se encuentran casi tan polarizadas como sus desiguales sociales, pienso que el voto puede estar más dirigido por el odio o por el amor. El razonamiento coherente podría realizarse directamente desde Carondelet. Desde mi perspectiva, la consulta quiere cambiar la opinión de aquellas personas que no amábamos a su compañerito para amar la nueva administración.
Cuando un tema es polémico, cuando las críticas suenan más que las alabanzas la forma de evitar muchos problemas es mostrándose abierto. Creo que Lenín Moreno pretende ser como aquel hombre arrepentido por dar una paliza a su mejor amigo. No es una mala estrategia; es más, sirve perfecto para que la ciudadanía se dé cuenta del cambio.
Las campañas por el sí suenan muchísimo cuando se enciende el televisor, cuando se asiste a charlas que hablarán de las preguntas o cuando la antigua oposición tiene una entrevista radial. Alianza País, por su lado, no encuentra un punto de equilibrio entre los dos bandos que se han formado. Mientras mi opinión continúa siendo que la consulta popular es populista.
Imagen tomada de www.eltelegrafo.com.ec

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