Llega un momento en el que hacer de manera cómoda tus actividades diarias se vuelve tu aire, agua y alimento. En algún punto, llegas a acostumbrarte tanto a algo que dejarlo por una hora siquiera se vuelve un gran reto. Exactamente en eso se resume el uso de la tecnología: comodidad y costumbre que se volvió necesidad, eso que es tan criticado por el neoludismo.
El difícil reto personal de esta semana fue intentar apegarme a una ideología bastante radical que critica el impacto tecnológico sobre el ser humano y el medio ambiente. Debo admitir que no cumplí con lo que me propuse. Ni un solo día dejé de usar por completo el celular y, a veces, parecía como si fuera parte de mí, como si fuera un órgano que me permite vivir. Ahí constaté el pensamiento neoludita: nuestro comportamiento dejo su esencia natural y pasó a ser artificial. A veces me sentía acompañado solo por tener encendido a ese pequeño aparato a mi lado, entonces me di cuenta que no tenía tiempo para disfrutar mi soledad.
Estando en la universidad que inimaginable resulta pensar en no utilizar una computadora, puede que suene exagerado, pero sin uno de estos equipos a tu alcance de seguro podrías reprobar cualquier materia. A veces ni siquiera nos damos cuenta que utilizamos a la tecnología para todo y que la hemos naturalizado como parte de nuestra vida.
Creo que nadie podría ser un neoludita en esta generación que requiere del artefacto para sobrevivir. Sin embargo, esta ideología me permitió ser consiente del tiempo que dedico a los aparatos electrónicos y de la importancia que estos tienen. No satanizo el uso de la tecnología, pero creo que modificó nuestro comportamiento volviéndonos independientes, pero muy asociales.
Captura de pantalla. Aplicación Quality Time.
Día de menos uso de celular.

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