miércoles, 28 de diciembre de 2016

Las extrañas presencias del Antiguo Hospital Militar

Son las 18:46, la temperatura es 12 grados; Quito oscurece y se enfría cada vez más. Fuera del Centro de Arte Contemporáneo (CAC) —lo que en el siglo XX fue el Hospital Militar— una fila de personas espera a que se inicie el recorrido nocturno “Ecos de un edificio”. La edificación, ubicada en el centro de Quito, en el  sector de San Juan, es grande y se encuentra remodelada. Sus paredes exteriores son blancas, como si intentaran transmitir paz, pese a las macabras historias que se cuentan del lugar. 

 Fotografía: Daniel Guamán

Este edificio inició su construcción en 1900. Primero fue un sanatorio para personas con tuberculosis y en 1917 se estableció como Hospital Militar durante 60 años; ahí, muchas personas murieron. Por varios años pasó abandonado; entonces delincuentes, drogadictos y vagabundos lo utilizaron como refugio hasta 2007, cuando inició su intervención, por parte del Municipio. Un año después se lo reinauguró como el Centro de Arte Contemporáneo.

Inicio del recorrido

Dan las 19:15, un grupo de perros ladra y aúlla; cinco minutos más tarde se abren las puertas para iniciar el recorrido. Los murmullos de los 30 asistentes se escuchan claramente, pues están ansiosos por descubrir si en realidad existen presencias paranormales y, al mismo tiempo, sienten miedo de confirmarlo. 


La anfitriona pregunta: “¿Están seguros de entrar?”, mientras señala donde alguna vez fue la fosa común. Todos responden: “Sí”, sin saber lo que vivirán.

En el trayecto aparecen actores que representan entes que han sido vistos en el lugar. Un cucurucho, una monja, una enfermera y una niña son lo más relevantes; sin embargo, la teatralización es parte de un show para dar ambiente y, posteriormente, seguir con los testimonios de los mismos actores, que trabajan en este edificio donde “muchas almas no han dejado de rondar”. Los visitantes recorren los pasillos y patios internos durante 45 minutos.

Ocurre algo extraño al llegar al patio central. Un hombre vestido de negro observa al grupo desde la segunda planta, todos lo ven y piensan que es otro actor. Lo curioso es que al terminar el recorrido todos los actores se presentan y ninguno está vestido totalmente de negro. Una señora pregunta por ese hombre del que todos se olvidaron. Hay un silencio, hasta que Ximena Andrade, directora del proyecto, responde: “En ese momento nadie estaba en el segundo piso. Todos los actores estaban en esta planta y son los que están aquí”. La sangre de los visitantes se hiela.

Fidel Delgado es uno de los asistentes y está asustado. En el trayecto, siempre se ubicó al final del grupo. Dice que en una de las salas pudo sentir cómo le golpearon la espalda y cuando regresó a ver, divisó dos sombras de hombres altos. Al respecto, uno de los actores comenta que de seguro fueron los cucuruchos, ya que es común verlos y reconocerlos, sobre todo por su altura.


A las 20:30 el elenco reúne a los visitantes en el auditorio para compartir las experiencias tétricas que han vivido en el edificio. Según Mónica Palacios, la enfermera en la representación, en algunas fotografías las personas salen acompañadas por seres que no eran vistos físicamente. Cuando Luis Arce, representante del cucurucho, va a contar su anécdota, suena un ruido que parece un lamento, todos los asistentes se pasman por unos segundos y luego  lanzan una carcajada nerviosa para disimular la pesadez del ambiente.

Mireya Pineda, la monja, cuenta que una vez en este mismo auditorio cubrió una televisión con una tela; minutos después volvió y la tela estaba doblada encima de la televisión. En otra ocasión, caminaba donde había sido la morgue, entonces alguien le cogió el pie y, enseguida, escuchó a un niño llorar. 

Finalmente, Ximena Andrade, directora del proyecto, dice a todos que salgan del auditorio, pues se siente un ambiente cada vez más tenso. Los visitantes concuerdan y se convencen de estar acompañados por presencias paranormales.

Por Daniel Guamán

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