Ya nada es
igual y de hecho, así se supone que debe ser la vida. Un proceso que no se
detiene aunque a veces quisieras que lo haga, una caminadora eléctrica que no
para aún cuando el atleta ha dejado de correr, pero ¿cuál es la meta? Aún no la
descubro.
“A los
diez años uno cree que todas las cosas importantes sólo les puede pasar a los
mayores”, escribió el filósofo español Savater. A veces quisiera retornar a esa
edad; cuando todo era sencillo, cuando era necesario muy poco para sonreír,
cuando la ignorancia no importaba y, sobretodo, cuando la inocencia significaba
libertad.
El ser
humano sufre tantas metamorfosis que, en ocasiones, le cuesta reconocerse a sí
mismo. No sabe quién es, por qué actúa de cierta manera, por qué dice cosas que
no siente, por qué permanece donde no quiere estar.
Personalmente,
pienso que crecemos y nos hacemos más frágiles cada vez y no me refiero a la
parte física. Dudamos de nosotros mismos y “abrimos” nuestra mente a merced de
quienes nos rodean. Nos llenamos de ideas que niegan las que nosotros creamos.
Nos
construimos en base a lo que percibimos, de esta manera la autenticidad queda
anulada en todos. Es entonces cuando toda nuestra debilidad debe ser oculta con
varias armaduras, que son renovadas constantemente, para que esta sociedad no
“acabe” con nosotros. No creo que esto sea algo negativo, solo pasa y así somos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario